El video revela cómo el individuo se colgó del extremo de la pasarela, donde había varias personas, mantuvo el equilibrio durante unos segundos y finalmente se soltó, cayendo de pie en el agua. Esta zona es reconocida por su alta peligrosidad, ya que se encuentra a escasos metros de una intensa caída de agua.
El incidente, ocurrido el sábado durante una excursión, fue controlado por bomberos civiles responsables de la seguridad en los senderos que conducen a la Garganta del Diablo, según afirmaron fuentes locales.
Después del suceso, el Parque Nacional de Iguazú en Brasil emitió un comunicado donde criticó el comportamiento del turista y recordó que está “expresamente prohibido sobrepasar, trepar o sentarse en las barandas del sitio”, ya sea para tomarse fotografías o intentar recuperar objetos perdidos, debido a los riesgos que ello significa.
“Tras conocer la situación, los profesionales intervinieron de inmediato, instruyeron al visitante sobre los procedimientos de seguridad y lo acompañaron hasta el final del recorrido, momento en el que fue expulsado del parque”, se indicó en el comunicado.
La administración del parque entrega a los turistas instrucciones de seguridad antes de cada excursión, proporcionadas por los equipos de emergencia que operan de manera continua en las instalaciones. En este contexto, se les recomienda contactar a los bomberos si algún objeto cae al río o a las laderas, desalentando cualquier intento de rescate por cuenta propia.
El parque enfatizó que las labores de rescate se organizan junto a bomberos, equipos de seguridad y, de ser necesario, con el apoyo de la Policía Militar. Según indicaron, esta medida busca preservar la integridad de los profesionales involucrados y garantizar la seguridad de otros visitantes.
A pesar de que el incidente ocurrió en el lado brasileño, desde la administración argentina del parque subrayaron que “el comportamiento de los turistas debe ser responsable, ya que implica riesgos, incluso al transitar por las pasarelas, donde las barandas apenas superan la altura de la cintura”. También recomendaron que los visitantes eviten alzar a los niños y mantengan un comportamiento respetuoso hacia la naturaleza.
Recientemente, se llevó a cabo una limpieza del área, dado que muchos visitantes continúan arrojando monedas al río como parte del ritual de “buena suerte”. Además de las monedas, se retiraron botellas, tapitas, plásticos, pilas y dispositivos electrónicos, residuos que impactan negativamente en esta emblemática área protegida.
“Desafortunadamente, las personas vienen aquí y, en lugar de disfrutar del paisaje y vivir el momento, sienten la superstición de que si lanzan una moneda y piden un deseo, este se hará realidad. Esto genera un impacto ambiental considerable, ya que las monedas pueden oxidarse y contaminar el agua. Asimismo, hay riesgo de que algún animal consuma estas monedas, confundiéndolas con alimento”, comentó un trabajador que participó en las labores de limpieza.








