Las exportaciones de soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo generarían durante 2026 unos US$ 4.613 millones en derechos de exportación, según una proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario. El cálculo implica una caída de apenas 1% respecto de los US$ 4.665 millones obtenidos en 2025.
La mayor parte de los recursos provendría del complejo sojero, que aportaría alrededor de US$ 3.275 millones. El maíz se ubicaría en segundo lugar, con US$ 754 millones, seguido por el trigo, con US$ 324 millones. El resto correspondería al girasol, con US$ 158 millones; la cebada, con US$ 79 millones; y el sorgo, con US$ 22 millones.
El resultado previsto para este año se mantiene muy por debajo de los niveles alcanzados en 2021 y 2022. En esos períodos, las seis cadenas llegaron a aportar US$ 8.373 millones y US$ 9.101 millones, respectivamente, impulsadas por los elevados precios internacionales de los productos agrícolas. En comparación con 2023, marcado por una fuerte sequía, la recuperación sería del 50%.
La recaudación, sin embargo, tuvo un comportamiento muy diferente durante la primera mitad del año. Entre enero y junio se obtuvieron US$ 1.881 millones, un 51% menos que en el mismo período de 2025. La comparación está afectada por las medidas aplicadas el año pasado, que modificaron el calendario de registro de las operaciones de exportación.
La reducción temporaria de las alícuotas entre febrero y junio de 2025 provocó un adelantamiento de declaraciones de ventas al exterior. A esto se sumó la suspensión temporal de los derechos durante septiembre, que permitió concretar operaciones sin retenciones dentro de un cupo y también adelantó exportaciones que, en condiciones habituales, podrían haberse registrado durante los primeros meses de 2026.
Con esos efectos sobre la base de comparación, para el segundo semestre de este año se prevé una recaudación de US$ 2.731 millones, frente a los US$ 861 millones obtenidos entre julio y diciembre de 2025.
La estimación parte de una normalización en el ritmo de las declaraciones de exportación y de un aumento de la producción y de los volúmenes vendidos al exterior. Ese mayor nivel de actividad permitiría compensar parte de la reducción permanente de las alícuotas vigente desde diciembre de 2025 y mantener el aporte de las principales cadenas agrícolas en valores similares a los del año pasado.








