Las investigaciones llevadas a cabo por la DDI de San Isidro, bajo la dirección del fiscal Patricio Ferrari, han revelado que la operativa se originaba en el penal, donde Grasso y otros internos se apoyaban en cómplices en el exterior y en un agente del Servicio Penitenciario Bonaerense para llevar a cabo estafas telefónicas, suplantaciones de identidad y transferencias de dinero de manera ilegal. La red contaba con conexiones tanto dentro de la prisión como en áreas de Magdalena y San Justo.
Grasso fue aprehendido en marzo y, el lunes, las autoridades detuvieron a los hermanos Nicolás Adrián y Jonathan Agustín Corbalán, quienes se encuentran recluidos en la Unidad 35 de Magdalena cumpliendo condenas por robo.
Asimismo, se procedió a un allanamiento e imputación de Rodolfo Ezequiel C., conocido como “Sobrino”, quien es sargento del Servicio Penitenciario Bonaerense. Se le acusa de colaborar con Grasso al facilitar la gestión de solicitudes y transferencias en beneficio del interno.
Este funcionario penitenciario jugaba un papel crucial al facilitar las estafas desde la cárcel, permitiendo el ingreso de objetos prohibidos y el movimiento de dinero y bienes hacia el exterior, actuando como un enlace vital entre Grasso y el mundo fuera del penal.
Por otro lado, se identificó a Molina Agustina Nahiara y Solorzano Yamila Soledad como colaboradoras externas de la red, supuestamente responsables de manejar cuentas bancarias y recibir transferencias, además de contar con antecedentes penales por delitos relacionados.
Un audio, que ha sido compartido y revisado, muestra a un individuo que se hacía pasar por técnico de telefonía celular guiando a una víctima durante más de una hora. El sujeto llevó a cabo un elaborado truco para obtener información importante y alterar configuraciones críticas del celular, alegando que se trataba de medidas de seguridad para proteger la privacidad del usuario.
A lo largo de esta conversación, el presunto técnico subrayó la necesidad de desvincular un dispositivo ajeno con el que el usuario supuestamente había sido emparejado.
En el transcurso de la conversación, pidió que se ingresaran datos como correos electrónicos y códigos de verificación enviados por medio de WhatsApp y mensajes de texto. Finalmente, sugirió un correo electrónico diferente al del usuario, dictándolo de la siguiente forma: “Ponga villanito2214@gmail.com. Le vuelvo a repetir: la be, la i, la doble ele, la a, la ele, la i, la te, la o. Veintidós catorce arroba gmail punto com.”
El núcleo de este caso radica en el acceso no autorizado a la cuenta de WhatsApp, facilitado por el mismo usuario, quien, bajo presión del interlocutor, acabó revelando información sensible.








