El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) reflejó una de las caídas más severas en décadas, desplomándose un 2,9 por ciento en comparación con junio, marcando así el mayor retroceso mensual desde los momentos más críticos de la pandemia. En términos interanuales, la actividad se contrajo un 1,4 por ciento.
La información proporcionada por el Indec profundiza la tendencia de enfriamiento que ya mostraban la industria, la construcción y el comercio, y coloca a la economía en una posición muy cercana a una nueva recesión técnica, tras un segundo trimestre que ya había cerrado con una contracción.
La magnitud de la disminución en julio resulta especialmente alarmante. Excluyendo los meses de marzo y abril de 2020, caracterizados por las restricciones debido a la pandemia, hay que retroceder hasta septiembre de 2019 para hallarle un paralelo similar en una caída mensual.
Desde la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia se destacó que este retroceso es el cuarto mayor en la serie histórica desde 2004 hasta 2026, sin considerar los efectos de la pandemia. Según este análisis, caídas de tal magnitud se han observado solo en casos de devaluaciones severas o durante la crisis financiera mundial de 2008.
Sin embargo, esta vez no se registró una devaluación significativa que explique dicho desplome.
Estos resultados también desafían el discurso oficial sobre la supuesta recuperación de la economía. En los primeros siete meses de 2023, el crecimiento acumulado fue de solo 1,7 por ciento, con marcadas desigualdades según los diferentes sectores. La serie desestacionalizada del EMAE ha regresado a niveles similares a los de marzo de 2021.
El panorama revela una economía fragmentada. Los sectores relacionados con el mercado interno continúan estancados, mientras que el crecimiento se concentra en actividades primarias y exportadoras, sin que esto beneficie al empleo, los salarios o el consumo.
La industria manufacturera ya había dado señales de advertencia sobre el deterioro en su producción, que cayó un 5 por ciento mensual en julio. Asimismo, la construcción retrocedió un 4,6 por ciento.
En comparación interanual, dentro del EMAE, la industria disminuyó un 4,6 por ciento y el comercio un 5,1 por ciento. La intermediación financiera, por su parte, también retrocedió un 3 por ciento. Todas estas actividades son de gran relevancia para medir el funcionamiento del mercado interno.
En contraste, algunos sectores primarios mostraron un desempeño positivo. La minería y los hidrocarburos crecieron un 8,4 por ciento interanual, mientras que la pesca experimentó un aumento extraordinario del 424,5 por ciento, aunque este sector suele registrar grandes oscilaciones estadísticas. Sin embargo, ni siquiera estos incrementos fueron suficientes para compensar las caídas en otros sectores.
El ministro de Economía, Luis Caputo, atribuyó parte de este resultado a factores transitorios, tales como una menor disponibilidad de gas para la industria, condiciones climáticas adversas que impactaron en la construcción y la minería, y la disminución de horas trabajadas durante el Mundial. No obstante, economistas sugieren que también hay problemas más estructurales, como la recuperación insuficiente de los salarios reales, la debilidad del crédito, la caída en la demanda y las dificultades que enfrentan diversos sectores productivos en el marco del actual esquema cambiario.
El Gobierno esperaba que tras un fuerte ajuste inicial, la estabilización macroeconómica permitiría una recuperación más amplia de la actividad económica. Sin embargo, los datos muestran que el repunte ha perdido dinamismo y no ha logrado transformarse en un proceso de crecimiento generalizado hasta el momento.
La decepcionante cifra de julio también lanza una alerta para el tercer trimestre. La economía ya había cerrado el segundo trimestre con una disminución del 0,6 por ciento respecto a los primeros tres meses del año.
Para evitar dos trimestres consecutivos de contracción, se requeriría un repunte significativo en agosto y septiembre. Algunos analistas estiman que tras el desplome de julio, se necesitarían crecimientos aproximados del 3 por ciento mensual en esos meses para evitar caer en una recesión técnica.
Incluso una recuperación parcial en agosto podría no ser suficiente.
De cara al futuro, no parece haber claridad sobre el motor que podría sacar a la economía de este estancamiento. El consumo continúa afectado por la pérdida de poder adquisitivo y la debilidad del empleo registrado. La inversión ha acumulado varios trimestres de retroceso y el gasto público sigue restringido por la decisión oficial de mantener un superávit fiscal.








