La atención de los inversores se centra en el dato de inflación que se dará a conocer este jueves. Según las estimaciones, agosto podría ser el mes con la menor subida de los precios minoristas en lo que va del año, y surge la pregunta de si se acercará al mejor registro del gobierno de Javier Milei, que fue del 1,5% en mayo de 2025. Sin embargo, el aspecto más crucial es la evolución de este proceso y, en particular, cuál será la situación para el año entrante.
De acuerdo al último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el Banco Central, los analistas pronostican una notable disminución de la inflación para los próximos doce meses. Esto implicaría que, al momento de las elecciones, el índice interanual se ubicará alrededor del 20 por ciento. De cumplirse esta expectativa, representaría una reducción cercana a 13 puntos en comparación con los niveles actuales.
Un descenso de esta magnitud tendría un impacto considerable, mejorando las perspectivas del Gobierno en términos electorales. Esto también evidenciaría resultados tangibles de las políticas de control monetario, subrayando la importancia de la paciencia en el proceso de desinflación.
Aunque para este año también se había proyectado una inflación similar, el entorno cambió tras la fuerte turbulencia cambiaria preelectoral de 2025. El abrupto aumento del dólar generó un efecto sobre los precios, llevando el índice de precios al consumidor (IPC) a un inesperado pico del 3,4% en marzo.
La dinámica esperada para los próximos meses difiere significativamente de la del año anterior. Entre agosto y diciembre de 2025, la inflación mostró una tendencia creciente; en contraste, ahora se anticipa una disminución. Según el REM, se espera que la inflación mensual se ubique entre el 1,6% y el 1,8% al menos hasta principios del próximo año. Se prevé que el 2027 también cierre en torno al 20 por ciento.
Un aspecto clave para que este panorama favorable se materialice, aunque con un año de retraso, es el comportamiento del dólar. Luis “Toto” Caputo señaló recientemente en un evento del IAEF que el Gobierno está preparado para afrontar un año de alta volatilidad.
“El Banco Central ya adquirió USD 14.000 millones, y además contamos con diversas herramientas para actuar, incluyendo swaps con China y Estados Unidos”, declaró el ministro de Economía, enfatizando que el “poder de fuego” del Gobierno para controlar aumentos excesivos del tipo de cambio es significativamente mayor que el del año anterior.
Si se confirma que la inflación se mantendrá por debajo del 2% en los próximos meses, esto podría traer consigo una mejora en los ingresos reales. Este es uno de los desafíos que persiste en el plan económico, que enfrenta una caída en las ventas del mercado interno.
Los factores que mantienen la inflación anual por encima del 30% están pronosticados a ser menos relevantes en los meses venideros. Por un lado, no se anticipan grandes saltos cambiarios. Los analistas que participaron en el REM estimaron que el tipo de cambio mayorista finalizará el año en $1.625, ajustando a la baja su proyección.
Adicionalmente, se prevé que los incrementos en tarifas sean moderados, algo que ya se observa en septiembre. El precio de los combustibles también podría permanecer estable, aunque dependerá de la situación en el Golfo Pérsico y de las fluctuaciones del barril de petróleo.
El Gobierno enfrenta ahora un desafío delicado: lograr que la inflación se mantenga por debajo del 2% mensual, mientras avanza en la remonetización de la economía para estimular la reactivación. La semana pasada se dio un indicio en esta dirección al no renovar la totalidad del vencimiento de bonos e inyectar cerca de 500.000 millones de pesos. Esta medida generó calma, especialmente en las tasas de interés, que disminuyeron del 20% para las cauciones bursátiles. A pesar de esta baja en las tasas, el dólar se mantuvo estable, incluso mostrando una leve caída al inicio de septiembre.








