Las tasas de interés en Estados Unidos se mantienen en niveles elevados, y los recientes datos sobre inflación complican el panorama para la deuda local. En este contexto, el mercado argentino presta especial atención al programa financiero para 2027 y a las posibilidades de retomar vínculos con Wall Street.
Esta semana se difundió el índice de precios al consumidor (IPC) correspondiente a septiembre en EE. UU., que presentó un incremento del 0,6% en comparación con el mes anterior. Este aumento llevó la inflación interanual a 3,7%, superando el 3,4% registrado anteriormente y el 3,6% que se había anticipado.
Dentro de este contexto, la energía se destacó como el principal impulsor, con un aumento del 9,1% en el precio de la nafta en términos mensuales, contribuyendo a más de la mitad del aumento total del índice, y un incremento interanual del 34,2%.
El dato más preocupante para el mercado fue la medición núcleo, que excluye alimentos y energía. Esta subió un 0,3% mensual, igual que en agosto, superando el 0,2% esperado. Su tasa interanual también se aceleró, alcanzando el 2,6% desde el mínimo de 2,4% registrado en cinco años, en comparación con el 2,5% previsto.
Este aumento en la inflación llevó al mercado a proyectar con mayor fuerza un posible incremento de tasas por parte de la Reserva Federal.
El dato inflacionario tuvo un impacto inmediato en las expectativas relacionadas con las tasas de interés de la Fed, influyendo también en la cotización del dólar a nivel global.
En la reunión programada para el 28 de octubre de 2026, se estima que la tasa de referencia se mantenga en el rango de 3,75% a 4,00%, con una probabilidad del 72,9%. Sin embargo, también se le asigna un 27,1% de probabilidad a un incremento que lleve la tasa al rango de 4,00% a 4,25%. Esto indica que la posibilidad de un aumento de 25 puntos básicos comienza a ganar relevancia, aunque la continuación de la pausa monetaria continúa siendo el escenario más probable.
Para la reunión del 9 de diciembre, las probabilidades han cambiado notablemente: el rango de 4,00% a 4,25% concentra el 66,3%, en contraposición al 23,2% del rango de 4,25% a 4,50% y al 10,5% del rango de 3,75% a 4,00%.
Así, el mercado empieza a incorporar la posibilidad de que la tasa de referencia sea mayor hacia fin de año.
La expectativa de un aumento en las tasas de la Fed ha propiciado un rally en los rendimientos de los bonos del tesoro estadounidense, alcanzando máximos en lo que va del año.
Aunque en los últimos días se ha observado un ligero retroceso en las tasas, estas se mantienen en niveles máximos anuales.
En consecuencia, al incrementarse las tasas de los bonos del tesoro estadounidense, se han visto afectadas las cotizaciones de esos bonos, arrastrando a las curvas de bonos a nivel global y, en particular, a la deuda de los mercados emergentes, incluida la argentina.
En lo que respecta a 2026, la mayoría de los índices de bonos muestra resultados negativos, tanto en la deuda corporativa como en los títulos emergentes y los instrumentos de corto plazo del Tesoro estadounidense.
Entre los segmentos más afectados se encuentran los bonos corporativos grado de inversión (LQD), que han experimentado una caída del 6,16%, seguidos por los bonos emergentes (EMB), que caen un 4,68%. La deuda de alto rendimiento también muestra resultados negativos, con una pérdida del 4,60% hasta la fecha.
Por su parte, los bonos corporativos de alto rendimiento a corto plazo han caído un 3,97%, reflejando la debilidad general en varios segmentos de la renta fija.
El entorno de tasas en ascenso y la depreciación de bonos globales tienen un impacto directo en la deuda local.
Los bonos globales argentinos acumulaban pérdidas significativas a lo largo de 2026, ejerciendo mayor presión sobre los títulos con vencimientos más lejanos.
El Global 2046 lidera las bajas, con un retroceso del 7,50%, seguido por el Global 2041, que desciende un 5,74%, y el Global 2035, que presenta una caída del 5,08%. También el Global 2038 muestra una baja del 3,71%, mientras que el Global 2029 cae un 1,19%.
Por el contrario, el Global 2030 muestra un leve incremento del 0,10%, convirtiéndose en el único título de los analizados que presenta un rendimiento positivo en el acumulado anual.
En un contexto de mayor aversión al riesgo y tasas internacionales elevadas, la deuda local continúa enfrentando dificultades para establecer una recuperación sostenida.
Si las tasas siguen aumentando, lo más probable es que esto continúe impactando negativamente en la renta fija local.
Dante Ruggieri, socio de AT Inversiones, expresó que el panorama sigue representando un reto para los países emergentes y, por ende, para Argentina, que se encuentra en un momento de mayor integración global y con una beta superior. “Los datos de inflación de EE. UU. publicados recientemente han sido ligeramente superiores a lo esperado, lo que sugiere que la Fed podría volver a incrementar la tasa en octubre. En este entorno, la presión sobre las tasas estadounidenses persistirá, lo que dificulta que los bonos argentinos retornen a rendir un dígito,” explicó.
Además, destacó que la situación local también resulta compleja, sugiriendo un enfoque más conservador. “El escenario global, sumado a la tendencia al alza del índice del dólar durante los últimos trimestres y la inminente consideración de las elecciones presidenciales del próximo año, complica aún más las cosas. Por tal razón, mantenemos nuestra recomendación de posicionarse en activos de renta fija de duración corta,” agregó Ruggieri.
Mariano Ortiz Villafañe, economista jefe en Aldazabal y Cía., hizo hincapié en que las tasas más largas son las que realmente afectan a la deuda local, mostrándose más estables. “Para los bonos en dólares, la reciente estabilización de la tasa a 10 años tras el fuerte rally de septiembre es más relevante. Aunque el dato de inflación refuerza la expectativa de que la Fed incremente la tasa en su próxima reunión a fin de mes, las tasas largas reaccionaron de manera marginal, indicando que las expectativas inflacionarias están ancladas,” sostuvo.
La tendencia negativa en la renta fija local se refleja también en la evolución de los rendimientos de la deuda argentina, que han aumentado en las últimas semanas. Actualmente, estos oscilan entre el 8,98% para el Global 2029 y el 11,43% para el Global 2041, evidenciando que el mercado sigue demandando altos retornos para financiar al soberano argentino.
El aumento de las tasas a nivel global y su efecto en los rendimientos de la deuda local hace que el mercado observe con atención el programa financiero correspondiente a 2027. Este programa en dólares contempla necesidades de financiamiento de US$ 19.200 millones para 2026 y US$ 24.900 millones para 2027, impulsadas principalmente por vencimientos de bonos globales y compromisos con organismos internacionales, especialmente el FMI.
Para hacer frente a estas necesidades, el Gobierno planea combinar compras de dólares del Banco Central, desembolsos de organismos internacionales, emisiones de deuda en el mercado local y otras fuentes de financiamiento.
El equipo económico tiene como meta colocar US$ 5.000 millones en Bonares para el próximo año, tras haber suspendido previamente estas operaciones a causa del incremento de las tasas.
Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, explicó que el dato de inflación ha elevado la probabilidad implícita de un nuevo ajuste por parte de la Fed en octubre al 45%, superando el 25% registrado antes del anuncio. En referencia a los bonos soberanos de Argentina, advirtió que unas tasas más altas por más tiempo podrían tener un efecto negativo, al incrementar la base de rendimiento de la renta fija internacional.
“Esto indica la necesidad de un mayor esfuerzo interno para contemplar una prima de riesgo país que, sumada al rendimiento de los bonos estadounidenses, permita el regreso del país al mercado internacional, o al menos una nueva emisión de Bonares en el mercado local,” señaló.
A raíz de la caída actual, todos los segmentos de la curva soberana argentina muestran correcciones y un alejamiento en relación a los máximos históricos previos.
El GD29 retrocede un 3,1% desde su pico, mientras que el Global 2030 ha caído un 4,3%. Las correcciones son más pronunciadas en los títulos de mayor plazo: el GD38 acumula una disminución del 12,6%, el Global 2035 desciende un 11,3%, el GD41 retrocede un 13,4% y el bono a 2046 exhibe una caída del 13,5% desde sus máximos respectivos.
De este modo, la toma de ganancias y un aumento en la aversión al riesgo tienen un efecto más marcado en la porción más larga de la curva, mientras que los bonos a corto plazo demuestran mayor resistencia. Esta dinámica refleja una sensible respuesta de los títulos de mayor duración ante variaciones en las tasas internacionales y en la percepción del riesgo argentino.
Al analizar el ajuste actual, Max Capital advierte que la dinámica de la deuda local desde julio se ha visto influenciada tanto por factores internos como externos. “Los factores idiosincráticos han tenido un rol importante desde julio, explicando más del 50% de la caída. Los inversores han ido incorporando altas probabilidades de continuidad política, aunque encuestas más flojas, el deterioro del crecimiento y la percepción de que el Gobierno tiene poco margen para estimular la actividad han aminorado la confianza, a pesar de que el presidente sigue siendo el gran favorito y los ingresos por energía y minería deberían sostener la actividad,” señalaron desde Max Capital.
Para entender la influencia de factores internos en el comportamiento reciente de la deuda argentina, resulta útil comparar la evolución de la renta fija local con la de sus pares. La deuda argentina ha perdido terreno frente a sus comparables, mostrando una prima de riesgo considerablemente más alta.
El diferencial con bonos similares, que a comienzos de agosto era de menos de 50 puntos básicos, se ha disparado a casi 250 puntos en las últimas semanas, según Max Capital. El rendimiento del Global 2038 ha ascendido cerca del 12% anual, mientras que las tasas de bonos de países comparables han permanecido relativamente estables, ampliando la brecha que los inversores exigen para mantener deuda argentina.
Aunque se ha observado una mejora en las últimas dos jornadas, la ampliación del spread durante el último mes refleja un deterioro en la percepción sobre los activos locales, en un marco de creciente aversión al riesgo y crecientes incertidumbres internas.
Analistas de Research Mariva indicaron que el mercado ha comenzado a incorporar riesgos electorales en la curva, lo que se manifiesta en los spreads de tasas entre los bonos que vencen antes y después del mandato de Milei. “Seguimos observando la tasa implícita forward entre el bono AO27 (que vence en octubre de 2027) y el AO28 (con vencimiento en octubre de 2028) como indicador de la prima de riesgo político asociada al período post 2027. Esta tasa ha aumentado considerablemente en agosto, pasando del 12% al 15%, aunque desde entonces se ha estabilizado,” alertaron.







