Una fuente que frecuenta a diario Casa Rosada afirmó en estricta reserva: “Por supuesto que resta. No veo lugar donde eso sume”. Esta observación se refiere a las últimas definiciones del presidente Javier Milei, quien durante su visita a Neuquén a principios de semana volvió a relativizar las dificultades que enfrentan ciertos sectores sociales para llegar a fin de mes. Esta polémica plantea un nuevo frente de preocupación para un Gobierno que busca reestructurarse de cara a las elecciones programadas para 2027.
Fiel a la literalidad de su planteo, el mandatario se preguntó insistentemente cómo hace la gente para “comer y beber” durante los 10 días restantes del mes. Este interrogante surge mientras que el ala política del Gobierno intenta resolver sus diferencias internas para cerrar acuerdos fundamentales con los gobernadores aliados. Además de establecer las bases para un nuevo mandato en 2027 —un objetivo central para los libertarios—, el Poder Ejecutivo busca avanzar en la agenda legislativa previamente trazada.
Milei ha optado por confrontar lo que denominó “una pelotudez del tamaño de una casa”, en referencia a los reclamos sobre las dificultades que experimentan las familias para cubrir sus gastos hasta fin de mes. Esta confrontación parece entorpecer el trabajo de sus propios funcionarios. A esto se suman sus recientes intercambios tensos con periodistas españoles sobre la situación económica, lo que coloca a la administración libertaria en una posición comprometida.
“Sus posturas muy extremas, como la de España, nos complican porque nos ponen en una situación muy border”, confesó un integrante del Gabinete. Otro legislador libertario, en tono de crítica, enfatizó: “Es una mala idea, pero es un Presidente que nunca recula. Si esto se pensó desde el punto de vista comunicacional, es extraño y puede generarnos una gran complicación, ya que la economía es el órgano más sensible”. Este dirigente también sugirió que detrás de esta confrontación se oculta una ofensiva del Presidente contra los medios y la oposición.
A pesar de que hay coincidencia en que la formulación comunicacional no fue la adecuada, quienes intentan justificarlo sostienen, con un tono irónico, que no hay que tomar sus expresiones al pie de la letra. “No fue literal, su intención era cuestionar el eslogan que la oposición intenta imponer. La forma que eligió supone un riesgo, claramente, pero es típico de su estilo”, argumentó un funcionario.
Con un notable olfato político, la senadora Patricia Bullrich se adelantó con un planteo que busca llevar el foco del periodismo hacia las respuestas que el Gobierno debe brindar a la ciudadanía. “Tenemos que definir a quién le hablamos. ¿Comentamos lo que dice el periodismo o evitamos eso y vamos directamente a la gente? Debemos dejar de lado esa postura y acercarnos a los ciudadanos donde se presentan los problemas reales. Hay que atender al ciudadano y mediar lo menos posible”, expresó Bullrich durante una entrevista en un medio en vivo.
Desde su entorno, se menciona que la legisladora, que sorprendió el pasado viernes con un video electoral sugestivo, intentó abordar la problemática desde una perspectiva más cercana a las dificultades cotidianas y proyectar una imagen de “comprensión” hacia la realidad de parte de la población. Con esta estrategia, Bullrich busca contener a los integrantes del oficialismo que pueden distanciarse de las expresiones del mandatario y evitar que el descontento se transforme en un alejamiento del espacio político.
La reacción de Milei y la respuesta de la senadora se producen en un marco en el que las principales inquietudes de la población siguen siendo de carácter económico, tal como lo indican diversas mediciones. Un informe de la consultora Zentrix reveló que los ingresos de dos de cada tres argentinos apenas alcanzan para subsistir hasta el día 20 de cada mes, cifra que asciende al 72% entre los menores de 40 años y al 83,3% en la clase baja. El aumento de la deuda también es una señal clara de las dificultades que enfrenta la gente: el 56,2% de los encuestados ha tomado algún tipo de deuda en los últimos seis meses. Al mismo tiempo, el 81,8% de los consultados expresó que siente que su salario no logra superar la inflación.
En otro indicador del endeudamiento familiar, un informe del Banco Central indicó que la morosidad de las familias mostró una leve disminución en agosto, situándose en el 12,81%, lo que representó un descenso de 0,13 puntos porcentuales respecto de julio. Sin embargo, la evolución fue desigual: la morosidad en las tarjetas de crédito disminuyó, mientras que los préstamos personales y, en menor medida, los créditos prendarios, experimentaron ligeros aumentos.
Las expectativas económicas para el futuro tampoco vislumbran mejoras. Según una encuesta mensual elaborada por AtlasIntel y Bloomberg, en septiembre, el 55% de los encuestados consideró que la situación económica empeorará en los próximos seis meses, mientras que el 31% espera una mejora y el 14% estima que permanecerá igual.
El contraste entre las palabras de Milei y los datos económicos obligó al presidente libertario a aclarar su postura, reconociendo que los índices de pobreza e indigencia presentan cifras alarmantes. “No es que no entendamos el problema de que las personas están sufriendo postergaciones, eso se refleja en el 32% de pobreza. La imagen que se presenta es terrible, pero a la larga, la tendencia sigue siendo positiva”, sostuvo en declaraciones a un medio de comunicación durante su regreso de España.
El descontento interno también se siente entre los aliados, que admiten su malestar por ciertas afirmaciones del presidente, aunque por el momento esto no se traduce en una reducción de apoyos al rumbo del Gobierno. “Los dichos caen muy mal y nos dejan en una posición incómoda. Nunca hemos podido desligarnos porque nuestro electorado no lo permitía, pero ahora hay quienes se retiran debido a estas circunstancias y nos dejan vinculados”, detalló un legislador de un espacio aliado.
Este malestar también se sintió entre representaciones provinciales. “Nadie entiende esas declaraciones o las razones detrás de lo que se dice. En las provincias la situación económica es complicada. Pero, claro, debemos concentrarnos en que el Congreso funcione y se aprueben las leyes necesarias”, plantearon desde el entorno de un gobernador del norte, al ser consultados sobre la situación actual.
No fue casual que el gobernador salteño Gustavo Sáenz, quien esta semana estuvo en Buenos Aires, exigiera acelerar la “reactivación del consumo”. “Cuando el Presidente se enoja y toma literales sus declaraciones sobre que la gente no llega al día 20, es obvio que se irrita, y eso tiene consecuencias. Lo que pretendemos señalar es que la gente no está bien, que no la está pasando bien”, destacó el gobernador en una entrevista.
A pesar de estas críticas, en Casa Rosada desestiman la posibilidad de que las diferencias impacten en el vínculo con los aliados, confiando en que el jefe de Gabinete, Diego Santilli, fortalecerá los canales de comunicación con los gobernadores. En paralelo, el Congreso aún debe abordar cuestiones clave como la reforma electoral, el presupuesto 2027 y la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, entre otras iniciativas.
“A los políticos no les importa la gente”, expresó una fuente con acceso al despacho presidencial. “Los aliados no deben cargar con la responsabilidad de lo que dice el Presidente. Solo les corresponde defender el modelo y apoyar las reformas”, agregó un funcionario durante la conversación.
Una muestra clara del estado actual de las negociaciones internas fue la última sesión en la Cámara de Diputados, donde el oficialismo logró obtener victorias pírricas después de verse obligado a reformar algunos proyectos para avanzar hacia su aprobación. Las gestiones se llevaron a cabo con el Presidente en el exterior, en Madrid, donde se dedicó a apoyar la campaña electoral de la derecha española. Este patrón se repitió en las semanas recientes desde diferentes lugares del mundo.
Después de obtener media sanción en Diputados para la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que reincorporó restricciones a la compra de tierras originalmente promovidas por el kirchnerismo, los libertarios también avanzaron en la presentación de una nueva Ley de Discapacidad, a pesar de las quejas del Ministerio de Economía, e impidieron que las propuestas opositoras sobre el tema de la morosidad prosperaran.
No obstante, el avance en la agenda legislativa suscita una variedad de interpretaciones internas respecto a la posición de La Libertad Avanza en el Congreso. Por un lado, están quienes destacan el pragmatismo y la capacidad de negociación que consideran haber adquirido recientemente como un camino para alcanzar sus metas. “Hay momentos en que entendemos que es necesario negociar. Estamos experimentando un cambio de estilo. Siempre hay espacio para todo”, comentaron funcionarios alineados con este enfoque. Entre aquellos dispuestos a dialogar con los aliados se encuentran Martín Menem, Patricia Bullrich y Diego Santilli.
En Balcarce 50, se resalta que la experiencia negociadora de Diego Santilli refleja la fortaleza política que ha conseguido la administración libertaria. En contraposición, sostienen que, a pesar de la vocación de diálogo de Guillermo Francos durante su gestión en la Jefatura de Gabinete, el contexto político no era el mismo.
Sin embargo, esta posición encuentra oposición entre los Caputo, quienes critican ciertas concesiones argumentando que desvirtúan los objetivos planteados. Javier Milei, por su parte, mantiene una postura distanciada respecto a las definiciones políticas, delegando en su hermana, y evita influir en las decisiones de la mesa política.
El debate va más allá de la táctica parlamentaria. Mientras algunos defienden la negociación como una herramienta esencial para mantener la agenda legislativa, otros advierten sobre las repercusiones que podrían tener las concesiones en los proyectos. En medio de estos desacuerdos, el ala política también enfrenta un entorno económico complejo, junto con una serie de definiciones pendientes y los traspiés del mandatario que intensifican las dificultades en la relación con los aliados.








