El consumo mundial de vino está en descenso, una tendencia que se ha observado en los últimos años. Sin embargo, este dato por sí solo no basta para explicar la situación de la industria vitivinícola de Argentina. Entre 2017 y 2025, el consumo global se redujo un 15%, mientras que Argentina ha visto una disminución aún más marcada en su participación en el comercio internacional. A finales de la década de 2000, el país representaba cerca del 4,7% de las exportaciones mundiales, pero este número ha caído a aproximadamente el 2,1%.
Este análisis proviene del último informe de coyuntura del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), de la Fundación Mediterránea, el cual examina la evolución de las exportaciones vitivinícolas y encuentra un doble desafío: un mercado internacional que se contrae y una disminución de la participación de Argentina en él.
En Mendoza, por ejemplo, el impacto es evidente en uno de sus segmentos más clave. En el primer semestre de 2026, las exportaciones de vinos varietales fraccionados desde la provincia cayeron un 36% en comparación con 2010. Esta reducción no solo se refleja en el volumen, sino también en el precio real, que se sitúa un 7% por debajo del nivel de ese año.
El entorno global presenta una primera explicación a este fenómeno. El consumo mundial de vino pasó de unos 244 millones de hectolitros en 2017 a cerca de 208 millones en 2025, lo que representa una caída de 36 millones de hectolitros. Aunque el comercio internacional ha mostrado contracciones en los últimos tres años, sigue representando una cifra considerable comparado con hace tres décadas.
Sin embargo, el informe del Ieral señala que para un país exportador no solo es relevante la cantidad de vino que se consume, sino también cuánto de ese consumo se realiza internacionalmente. En este aspecto, Argentina ha perdido terreno. A principios del siglo XXI, ocupaba alrededor del 1,3% de las exportaciones mundiales de vino y alcanzó su máximo histórico de 4,7% hacia finales de los años 2000. Desde ese momento, la tendencia ha sido generalmente a la baja, con algunas recuperaciones pasajeras, hasta llegar a cerca del 2,1% en 2025. Esto indica que, aunque el mercado mundial se ha reducido, la participación de Argentina se ha desplomado aún más.
Los principales destinos del vino argentino revelan diferentes facetas del problema. Estados Unidos, que representa el 24% de las exportaciones argentinas, ha visto una disminución en las importaciones de vino fraccionado del 32% en once años. A su vez, la participación argentina en este mercado bajó de 8,2% a 3,7% en 2026. Aunque la menor demanda en EE.UU. ha contribuido a la caída de exportaciones, no es el único factor, ya que se ha producido una pérdida de cuota en un mercado que también presenta una disminución.
En contraste, Brasil ha experimentado un aumento significativo en la importación de vino fraccionado, con un incremento a casi 299 millones de dólares durante los primeros siete meses de 2026. Aunque Argentina también mejoró sus ventas, lo hizo a un ritmo más lento que el crecimiento del mercado, reduciendo su participación del 26% a mediados de los años 2000 a cerca del 19% en 2026. Aquí, la pérdida de cuota no se atribuye a un mercado en contracción, sino a que Argentina no ha logrado mantener el paso del crecimiento.
Otro aspecto crucial es el tipo de cambio. Luego de la salida de la Convertibilidad, el valor del dólar aumentó, permitiendo a Argentina ganar cuota en el mercado del vino. Sin embargo, cuando esta ventaja comenzó a disminuir, el país también comenzó a perder participación. En julio de 2026, el tipo de cambio real oficial fue de aproximadamente $1.537, superior al de períodos de dólar barato, pero inferior a los niveles de 2002, cuando las condiciones competitivas del sector eran excepcionales.
Sin embargo, según el Ieral, no es suficiente observar el tipo de cambio. Un tipo de cambio real más bajo también significa costos más altos en dólares, tanto laborales como de logística, lo cual es fundamental para el negocio vitivinícola. Además, se observa un cambio en las preferencias de los consumidores internacionales, que se han inclinado más hacia vinos blancos y rosados, así como productos frescos y de menor graduación. Los tintos de precio medio están enfrentando una disminución en la demanda, y si Argentina no se adapta rápidamente a estas tendencias, su cuota podría seguir disminuyendo.
Los datos del primer semestre de 2026 señalan un incremento del 14% en volumen de exportaciones, pero solo del 3% en valor, con una caída del precio medio cercana al 10%. Esto implica que gran parte del aumento en litros está ligado a un creciente interés en vinos a granel. Así, el informe señala que aumentar el volumen no necesariamente significa recuperar en términos de valor exportado, lo que refleja un deterioro a largo plazo en los vinos varietales fraccionados de Mendoza.
El diagnóstico del Ieral destaca que el vino argentino enfrenta un mercado internacional menos activo y una disminución de su propia participación. La diferencia entre Estados Unidos y Brasil resume perfectamente este dilema: en el primero, Argentina ha perdido cuota en un mercado en descenso; en el segundo, ha caído en un mercado en crecimiento. Para abordar esta situación, no basta con vender más litros; es crucial recuperar cuota y mejorar el valor por litro exportado.
El informe sugiere que Brasil debería ser la prioridad comercial, siendo un mercado en expansión donde el foco debería estar en recuperar participación. En Estados Unidos, la estrategia debería centrarse en mantener la cuota antes que buscar un crecimiento en volumen. Si bien el tipo de cambio puede ayudar, no es la única herramienta disponible; también se deben considerar los costos internos, la logística, la estrategia comercial y la adaptación a los cambios en la demanda.








