En un video compartido en su cuenta de Instagram, el académico argumentó que las personas más felices comparten una característica fundamental: nunca dejan de aprender. Este aprendizaje no surge de una obligación o necesidad, sino de una curiosidad auténtica por comprender de mejor manera el mundo que las rodea.
Brooks explicó que el aprendizaje y la felicidad están conectados de forma más íntima de lo que muchas personas suponen. “Las personas más felices son las que nunca dejan de aprender. Lo hacen no por obligación, sino por curiosidad”, afirmó.
El especialista indica que cuando se alimenta esa curiosidad mediante la lectura, la exploración o la búsqueda de nuevas ideas, se activa una emoción esencial: el interés.
Lejos de ser un sentimiento menor, el interés se convierte en uno de los estados emocionales positivos más significativos para el bienestar humano, según considera Brooks. Para él, la curiosidad actúa como una puerta de entrada a experiencias emocionales más enriquecedoras. Al mantener el deseo de aprender algo nuevo, comprender temas desconocidos o descubrir diversas perspectivas, se genera una sensación de entusiasmo que puede ayudar a contrarrestar la rutina y la apatía.
De acuerdo con su explicación, de ese interés surgen mayores niveles de alegría, una sensación de satisfacción incrementada y, en última instancia, una concepción más profunda de la felicidad.
El profesor de Harvard subrayó que no se trata exclusivamente de llevar a cabo estudios formales o acumular títulos académicos. La clave radica en mantener una actitud de apertura intelectual y en conservar el deseo de seguir descubriendo a cualquier edad.
Leer libros, escuchar podcasts, aprender nuevas habilidades, visitar lugares inéditos o profundizar en temas que despierten el interés son algunas de las formas de estimular esa curiosidad que, según Brooks, está directamente vinculada al bienestar emocional.








