Tabar formó parte del partido conservador Defensa Comunal, que gobernó gran parte del municipio colindante con el tercer cordón del Conurbano norte. Él mismo se define como “antiperonista” y en sus redes sociales es crítico del kirchnerismo, a pesar de que ciertos sectores oficialistas han intentado vincularlo con el alcalde de la localidad. Además, ha sido mencionado en círculos cercanos como votante de Javier Milei.
Su esposa, María Laura Passarella, también se desempeña como proveedora municipal gracias a su negocio de ropa. Provee productos de enfermería y otros artículos a la Comuna, y además fue candidata a concejal, cargo que ocupó durante un período de cuatro años.
La mayoría de los habitantes de Capilla conocen a la pareja, y quienes no lo hacían, han comenzado a familiarizarse con su trayectoria. En cuanto a su rol en la firma de bienes raíces de Adorni, aún queda por ver si Tabar logrará alcanzar el reconocimiento de la escribana Adriana Nechevenko, considerada una figura prominente en el sector.
Tabar admitió que al principio negaba conocer a Adorni, pero en conversaciones informales con amigos del ámbito deportivo, comentaba sobre los servicios que le proporcionaba al funcionario de Javier Milei, “por mucha guita y en negro”. Un ejemplo notable de esto fue la reforma de una casa que el ex vocero y diputado porteño adquirió en el country Indios Cua, una transacción que ha suscitado la incredulidad de muchos en el entorno.
Este lunes, Tabar aseguró al fiscal Gerardo Pollicita que Adorni le pagó 250.000 dólares de manera informal por una casa valuada en 120.000 dólares. “Ni demoliendo la casa y haciéndose una nueva puede costar esa guita. Matías es un buen pibe, pero en Capilla nadie se come que cobró 250 lucas gringas para una remodelación”, comenta una fuente cercana a Tabar y su hermano Tomás, quien es arquitecto.
En Exaltación existen sospechas de que Tabar pudo haber brindado otros servicios a Adorni. Se cree que los 245.000 dólares, que se pagaron al contado en seis cuotas, pudieron ser utilizados para otras remodelaciones o actividades no relacionadas exclusivamente con la casa de Indios Cua, un country que ha perdido parte de su atractivo.
Matías Tabar tiene 48 años y su hermano Tomás, 35. Recientemente, ambos se adentraron en el negocio de la construcción, pero la sociedad comercial no prosperó como esperaban, lo que llevó a una ruptura entre ellos.







