La relación entre el fútbol y los negocios ya no sorprende a nadie. Las cifras multimillonarias involucradas desbordan incluso la imaginación más optimista. El crecimiento del fútbol femenino a nivel global ha dejado de ser un mero esfuerzo por llenar estadios o romper récords de audiencia para convertirse en un factor que incide positivamente en la economía del deporte.
De acuerdo a datos de mercado, el Mundial Femenino de 2023, que tuvo lugar en Australia y Nueva Zelanda, generó ingresos superiores a 570 millones de dólares. Con este dato como base, la FIFA se ha propuesto la ambiciosa meta de casi duplicar esa cifra, llegando a 1.000 millones de dólares en ingresos a través de su competición femenina principal. Este desafío resalta el cambio radical en la dimensión comercial de este deporte. Aunque el crecimiento todavía parte de niveles mucho más bajos que los del fútbol masculino y las diferencias en remuneración persisten, datos recopilados por Bankinter muestran una tendencia que resulta innegable.
Las audiencias están en ascenso, el consumo digital va en aumento y los derechos audiovisuales están despertando el interés de grandes operadores. Por esa razón, muchos consideran que el próximo Mundial de Brasil 2027 será una prueba crucial para el crecimiento del fútbol femenino.
La Copa Mundial Femenina de 2023 representó un hito, ya que, según Bankinter, el torneo logró generar más de 570 millones de dólares en ingresos y cubrir sus costos. En ese momento, el máximo responsable de la FIFA, Gianni Infantino, declaró que “no perdimos dinero” y enfatizó que el torneo había generado los segundos mayores ingresos de cualquier deporte a nivel mundial.
Ahora, la FIFA busca elevar sus expectativas. Infantino ha mencionado que la proyección de ingresos para la Copa Mundial Femenina es de 1.100 millones de dólares, con el objetivo de reinvertir esos recursos en el desarrollo del fútbol femenino. Sin embargo, esta cifra debe ser entendida como una aspiración, no como un ingreso garantizado, según advierte Carlos Suarez de BM. Aclara que la dirección que toma esta tendencia es relevante: el futuro del fútbol femenino no solo depende de atraer a más espectadores, sino de transformar esa atención en un negocio cada vez más significativo.
Una de las señales más claras del creciente atractivo comercial se refleja en la compra de derechos audiovisuales. Netflix ha adquirido los derechos exclusivos en Estados Unidos de los Mundiales femeninos de 2027 y 2031, llevando una de las competencias deportivas más importantes del mundo a su plataforma.
Suarez destaca que este acuerdo tiene implicaciones significativas desde la perspectiva empresarial: aunque no se puede concluir cuánto aportará el torneo a las cuentas de Netflix, ya que la información disponible no especifica el costo de los derechos ni su retorno esperado, sí demuestra que el fútbol femenino ha captado la atención de uno de los gigantes del streaming a nivel global.
Asimismo, en España, RTVE ha asegurado la transmisión del Mundial de 2027, que se llevará a cabo en Brasil entre junio y julio, gracias a un acuerdo entre la European Broadcasting Union (EBU) y la FIFA. Cabe mencionar que el Mundial de 2023 fue ganado por España, lo que ha incrementado el interés y las expectativas en torno al fútbol local.
Lo más relevante es que esta tendencia no se limita al Mundial. Los datos de la temporada 2025/2026 indican que el fútbol femenino español continúa expandiendo su audiencia: la Liga F alcanzó 7,5 millones de espectadores, lo que representa un crecimiento anual del 11,2%.
Obviamente, la gran vitrina de esta liga es el encuentro entre Real Madrid y Barcelona, que estableció un récord de 685.335 espectadores y superó los dos millones de usuarios únicos, un 27% más que la temporada anterior.
El crecimiento también se traduce en el ámbito digital, donde los perfiles oficiales de la Liga F han superado el millón de seguidores, acumulando más de 180 millones de visualizaciones en sus contenidos. Además, durante la temporada se llevaron a cabo 71 partidos en grandes estadios, una clara señal del esfuerzo por elevar el perfil del producto y llevarlo a escenarios con mayor capacidad y visibilidad.
Para los analistas, la persistencia de significativas diferencias con respecto al fútbol masculino en áreas como ingresos, remuneraciones de los profesionales, audiencias y patrocinios hace que el fútbol femenino sea aún más atractivo desde un punto de vista económico.
Es evidente que aún no se trata de un negocio comparable al masculino, pero las métricas que permiten monetizar el deporte están en aumento: la audiencia, el seguimiento digital, la asistencia a los partidos y la demanda de derechos audiovisuales están en constante crecimiento.
Por lo tanto, el Mundial de Brasil 2027 será una oportunidad crucial para determinar hasta dónde puede llegar esta transformación. Con Netflix posicionándose en Estados Unidos, RTVE garantizando la transmisión en España y la FIFA aumentando sus aspiraciones económicas, el próximo Mundial representará algo más que una simple competición deportiva.
Se convertirá en una prueba clave para evaluar cuánto puede valer realmente el fútbol femenino en un contexto donde la audiencia y el negocio comienzan a alinear sus intereses.








